Durante el recorrido romano hemos hecho un par de tomas. La más interesante la segunda, en la cual nos hemos sentado en la terraza de un café frente al panteón, compartiendo el espacio con muchos turistas y donde nos hemos cepillado una especie de café granizado con nataza para compensar el esfuerzo realizado con tanta marcha. Resulta que una de las modalidades de ordeño del turista consiste en tocar música delante de las terrazas y a mi es que eso me pone malo. Me he acordado mucho del vídeo ese del cantante callejero que se lleva un silletazo de una bestia parda que está intentando hablar por el móvil y he pensado que a mi de mayor me gustaría ser así. Así como el energúmeno pero me puede el pudor.
Los músicos callejeros piensan que tú quieres escuchar la música que ellos hacen cuando estás en la terraza tomando tu café granizado con nataza o cualquier otra atrocidad que hayas decidido ensilarte. Tratan de ponerte el complemento ideal para esa escena romántica que estás viviendo, en la que se supone que compartes el momento con una persona amada y naturalmente la situación pide a gritos un popurrí del "Strangers in the night", "El arco baleno" y a la que te descuides "Los pajaritos" que romántica no es pero le va de lujo al acordeón. Por supuesto todos estos éxitos adaptados al acordeón y caja de ritmos te los colocan a un notable volumen que permita acallar la música ambiente del local (que también hace lo que puede por ponerte la puta nota romántica), los gritos de la gente que eleva el tono de voz para poder hablar (se entiende que los que no están románticamente mirándose a los ojos y diciéndose "te quiero" con la mirada) y la música de la competencia porque hay más acordeonistas que plazas y claro, todos tienen derecho a machacarte con la musiquita de Dios.
El acordeonista maldito terminó su actuación y se dio una vuelta por las mesas requiriendo unas monedillas como premio a su actuación. Yo me limité a mirarle con odio, cosa que le costó procesar pese a que me quité las gafas de sol antes de hacerlo. En fin, entre músico y músico estuve observando a los pobres de pedir, que no son pocos, y sobre los que me estoy planteando desarrollar una taxonomía porque están claramente organizados en grupos o "clusters" que se dice en Biología. Yo tengo mucho hábito de ver pobres de semáforo por aquello de ir al trabajo en coche. De los pobres de semáforo hay dos tipos, los artistas de la luz roja, que te hacen un número circense de malabarismo mientras esperas que el semáforo cambie a verde y los que te limpian el parabrisas del coche. Los primeros me parecen un poco absurdos porque cuando acaban el numerito cambia el semáforo y la audiencia que va en coche y aquí en Roma el que va en coche es que no se aguanta, sale disparada en el momento de la recaudación; los otros se la juegan porque ante la insistencia que manifiestan en limpiarte el parabrisas la reacción de los conductores va desde la amenaza y el insulto hasta meter la primera y avanzar unos metros cuando el tipo - desoyendo la negativa- se dispone a plantarte el cepillo en el parabrisas. Hay una subespecie que son los vendedores de periódicos de semáforo, algo que sólo se puede ver en un país como este en el que la internet tiene un alcance y un uso más limitados que en el nuestro; y en el que la gente lee periódicos, no como en el nuestro. Digo subespecie porque sospecho que sean los mismos del parabrisas a primera hora de la mañana.
Ya en el centro urbano he observado unos pobres que son como muy arrastrados, que van envueltos en harapos, que llevan una garrota y que están atacados por unos fuertes temblores. Se postran en las esquinas o a la puerta de las iglesias en una posición como muy humillada y no dicen nada. Si no fuera porque estamos en el siglo XXI diríase que son leprosos medievales. El caso es que luego cuando los ves desplazarse de un lado a otro no tienen temblores ni nada, de hecho parecen bastante normales. En mi plaza del panteón he podido ver a unos que se desplazan sentados sobre un monopatín con cojines utilizando para impulsarse una zapatilla deportiva que se ponen en una mano y que mendigan de manera agresiva e interactiva. A mi no me ha tocado que se me vengan a solicitarme pero la sola idea de que un tipo sentado en un monopatín con cojines me pida dinero desde el suelo me produce una cierta agonía, lo reconozco.
Ayer paseábamos por la Vía del Corso y en un soportal había una pareja joven que reunía las dos condiciones de las que hoy hablo, músicos callejeros y pobres. Viajaban en bicicleta, unas bicicletas cargadas de bultos que tenían allí aparcadas. No llegaban a los 30, de hecho ella apenas debía pasar de los veinte. El con aire de hippy experimentado. Ella rubia angelical y lustrosa. Tocaban la guitarra y tenían una gorra puesta en el suelo para recoger monedas que los viandantes solidarios tuviesen a bien arrojarles. Ella tocaba francamente mal mientras miraba con arrobo a su compañero. Caminaba con mi hija cuando pasamos a su lado. Al cabo de un rato le comenté a mi chica que se me había quedado la imagen de la muchacha de la guitarra y que me daba mucha pena.
- ¿Sí- respondió ella sorprendida por el pronto de humanidad y solidaridad de su padre hacia una causa de presencia y esencia absolutamente juvenil.
- Sí- contesté yo - me da mucha pena pensar en el padre de la chica.
- ¡Papá!
Padres-siervos.... Los hay en toda buena familia.
ResponderEliminarAh! Te falta nombrar a los que venden cleenex en los semáforos; vaya otros!
Gina
Yo me consuelo pensando que estoy recibiendo el justo castigo por lo que en su día debí hacerle a mis padres. Seguro que me lo he ganado. Respecto a lo de los kleenex, es que aquí no hay, lo único que venden en los semáforos son periódicos.
EliminarDel del patinete debe estar de vacaciones porque ya le digo yo que con ese monopatín, las playeras en las manos y el culo postrado en el almohadón, campa por mi ciudad tan rica o pobremente.
ResponderEliminar¡Coño! Igual es una multinacional, con estas cosas nunca se sabe...
EliminarA mi los que me ponen más nerviosos son los que intentan "limpiarte" con agua sucia el parabrisas del coche...
ResponderEliminarSon abominables pero no dejan de tener su utilidad en ciertas ocasiones.
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