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domingo, 23 de diciembre de 2012

Noche de amor

- ¿Estás loco Carlos? ¿Cómo se te ocurre llamarme ahora? Estoy en casa de mis padres, con Rubén y los niños, ¡es Noche Buena! susurraba Susana en un rincón entre agobiada y complacida. El hecho de que su amante sevillano le siguiese escribiendo y buscando le producía una sensación placentera. Saberse querida y deseada le daba un plus de seguridad en sí misma y una notable alegría de vivir. Sin embargo esta vez Carlos estaba arriesgando mucho. Sabía perfectamente que ella se encontraba celebrando la Noche Buena con su familia y que no era el momento de conversaciones amorosas.

- Pues claro tonto, y yo a ti pero es que me estás poniendo en apuros. ¡Me van a oír y se van a dar cuenta!

- Sí...

- Sí, sí...

- Bueno anda, feliz navidad a ti también, sé bueno y no bebas mucho. Adiós, adiós, un beso.

- Un compañero de Sevilla, dijo al regresar a la gran sala de estar donde se encontraba reunida la familia. Tenemos una colaboración con ellos y el tío anda haciendo experimentos estos días. Llama para contar resultados y felicitar la fiestas todo en el mismo pack, está un poquito ido. Susana justificaba su ausencia con una explicación que nadie le había pedido. Al fin y al cabo es normal que la gente te llame para felicitarte la Navidad. Si Susana se explicaba lo hacía para conjurar su miedo a ser descubierta.

- Yo también tengo mucho lío estos días, parece que la gente se pusiera de acuerdo para crear problemas en el momento más inoportuno- intervino repentinamente Rubén preparando el terreno. Entre tanto los niños correteaban, gritaban y metían cuanto ruido cabía esperar en una fiesta familiar en la que se encontraban a sus anchas, jugando con su colección de primos, en la enorme casa de los abuelos, con licencia para cualquier tipo de trastada; una noche en la que se te perdonaba todo si eras menor de 14 años o sí, como el hermano menor de Susana, te encontrabas a doce mil kilómetros compartiendo la velada con la familia de tu novia americana.

Esther y Sara, las hermanas de Susana, ayudaban a su madre en la cocina. Rubén conversaba de política y economía con Armando, el marido de Esther, y del progresivo deterioro de la situación nacional. Adrián, el novio de Sara que se había sumado por primera vez a la celebración familiar, estaba un poco aquí y allá. Se le notaba un tanto desubicado por más que todos estuviesen siendo correctísimos con él.

- Me toca volver a París otra vez, insistió Rubén, tenemos un lío grande con una carga en Ormuz. Nos han parado un barco y hay que templar gaitas con los iraníes.

- ¡Caramba, suena complicado eso! terció Adrián con ánimo integrador. Rubén aprovechó la ocasión para darle una extensa charla sobre su trabajo y las interminables complicaciones asociadas a su proyecto de cuñado. Este las seguía con fingido interés, arrepintiéndose un tanto de su intento de socialización.

- ¿Eso significa que te vas otra vez? No habías dicho nada- intervino Susana. ¿Y cuando te marchas?

- Estaba pensando coger el vuelo de mañana a las siete de la tarde...

- ¡Qué triste! Viajando por trabajo el día de navidad- acertó a decir Sara que pasaba por allí.

- Es lo que toca, contestó Rubén tratando de componer una mueca de humildad.

- ¿Y hasta cuando te quedas? intervino Susana. Te recuerdo que tenemos unas reservas para el fin de año en Vaqueira y que luego habrá que pasar unos días en Tarazona, ese pueblo tan bonito...

- Pues no lo sé querida, depende de lo que diga el ayatollah de turno y de nuestra capacidad para convencerle de que no estamos traficando con pornografía . Lo mismo me toca viajar hasta Omán así que llegado el caso te vas con los niños a Vaqueira y santas pascuas. A Tarazona ya iremos cuando se pueda.

- Sí, en verano que es cuando da más gusto, replicó Susana. En fin, ya veremos como nos organizamos. Y en su fuero interno empezó a disfrutar ante la posibilidad de un paseo en AVE hasta Sevilla para dar un paseo con Carlos. Al fin y al cabo ella también tenía viajes de trabajo pendientes.

- ¡Mamá, mamá, Rodrigo está dando saltos en la cama! anunció el pequeño Pablo contrariado por la actitud transgresora de su primo.

                                                                      ***

No estaba siendo el mejor año para Irina-Cécile y su esposo, Fraçois. Desde la primavera su relación se había deteriorado, las discusiones eran habituales y cada vez hacían más vida separada. François sentía una profunda desesperación. Estaba convencido de que su mujer tenía un amante y de que estaba a punto de abandonarle. Lo sabía. Sin poder reprimirse había llegado a husmear entre las cosas de ella, móviles, ordenador, cuadernos de notas... Había encontrado alguna referencia vaga, alguna indicación, algo sospechoso. No sabía el nombre de él y menos aún conocía su rostro, su voz o las circunstancias de su vida pero sabía que estaba ahí.

Habían pasado los meses, había pasado el verano y el lluvioso otoño de París había dado pie a un invierno frío. Irina estaba enamorada de su amante español pero se sentía que el tiempo transcurría y que todo seguía igual. Al final se estaba convirtiendo en la aventura parisina de un ejecutivo extranjero a quien lo que de verdad importaba eran su mujercita y sus hijos y que todo lo que quería era una rubia con la que echar un polvo en un estudio de París. Todo sonaba asquerosamente tópico, una bohemia de lata y una frustración de libro.

Aquel día de Navidad estaban en casa de la madre de François que recientemente había terminado su tratamiento del cáncer de mama que meses atrás le había sido diagnosticado. La tarde revestía un deje de tristeza en una casa donde no había niños, ni más gente. François era hijo único y sus vástagos solían pasar la navidad con su madre y la nueva pareja de esta en Estrasburgo. Por otra parte Marie-Elise, la madre de François, nunca sintió mucho aprecio por su nuera a quien encontraba demasiado joven, demasiado provocativa y demasiado extranjera para su hijo. Así estaban las cosas cuando sintió Irina la vibración que identificaba la entrada de mensajes en su teléfono. "Estoy delante de tu casa en este momento", decía el SMS entrante.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Irina al que sucedió una acuciante urgencia por irse de allí y encontrarse con su amante que la esperaba en otro extremo de la ciudad. "Voy. Espérame. No te marches". Irina anunció a su marido y a su suegra que tenía que salir urgentemente, que había un problema en el trabajo y que no se preocupasen por ella y que siguiesen celebrando. Que se llevaba el coche porque François dispondría de tiempo para pedir un taxi.

Aquel día de Navidad el tráfico parisino se mostraba más que razonable y el recorrido por la autopista de circunvalación no se demoró excesivamente. Con eso y con todo se le hicizo largo el recorrido hasta que por fin se encontró frente al número 30 de la Rue de la Cépède. Allí estaba Rubén sentado tras la cristalera de L'Envol, frente a una taza. No se lo podía creer. Estaba emocionada, excitada, quería verle, tocarle, besarle. Rubén la vio entrar en el café y se puso en pie. Ella se abrazó a él y sintió las lágrimas resbalar por sus mejillas. No quiso decirle nada. Ni siquiera quiso preguntarle si estaba allí para quedarse lo que Rubén agradeció porque no tenía respuesta.




2 comentarios:

  1. Mmmm me vas a reñir por criticona pero...es Baqueira y no Vaqueira,si hablamos del pirineo catalan..La historia preciosa,supongo que el amor no entiende de fechas navideñas ni de familias ni de viajes,ni de distancias,ni de trabajos...
    Feliz navidad para ti y para todos los lectores de tu blog!!!!

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    1. Te lo agradezco y te felicito a ti también. Ya sabes que yo esto de la navidad no lo siento mucho pero que no se diga, los buenos deseos los tengo igual.

      Respecto a lo de Vaqueira o Baqueira, yo recuerdo que durante algún tiempo en que fui por allí a esquiar lo vi escrito de las dos maneras aunque nunca supe cual se correspondía con qué idioma. Algún/una catalán/ana de los que pasan por aquí, que me consta que los hay, puede quizás arrojar un poco de luz sobre este asunto.

      Por último, no lo tengo muy claro todavía pero me parece que a los protagonistas de la historia no es tanto el amor lo que les mueve como la vanidad o el miedo. O a lo mejor es que el amor tiene un poco de todo eso, quien sabe.

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