China es un país donde hay muchísima carne. Siempre sobró
aquí la carne. Lo malo es que la carne que abunda aquí es la carne humana, la
carne de chino y como lo que abunda es barato, pronto se corrió la voz y el
hombre blanco vino a ver qué era eso de la carne de chino. Y el hombre blanco
vio que los chinos eran listos, que tenían una cultura antigua y una
civilización superior pero, bobos de ellos, ni eran expansivos ni respetaban a
los individuos, así que viendo esto, el hombre blanco se sirvió y entre lo que
se sirvió de aquí y lo que sacó de América, el hombre blanco construyó una
civilización superior, poderosa como nunca había sido antes ninguna, que dominó
el mundo y lo ordeñó y que no paró hasta que los blancos se mataron unos a
otros por millones compitiendo por la tierra para explotarla más y más. Y aún
más allá, el hombre blanco siguió estrujando la tierra y dominando sobre los
demás y los imperios de los blancos se sucedieron pero siempre eran el mismo. Y
los blancos subyugaron a los negros y a los latinos y vejaron a los chinos y
redujeron a los japoneses al vasallaje. Y la carne humana seguía siendo barata
en China y en todo oriente y los blancos la compraban para fabricar cosas más
baratas. Y así, poco a poco y sufriendo mucho, la carne de chino, que también
incluía cerebro, aprendió. Aprendió lo que querían los blancos y como hacer las
cosas a su gusto. Y los blancos degustaron la carne de chino a paladas, la
engullían, China se convirtió en el paraíso del Rey Midas caníbal. Y cuando los blancos
se hicieron adictos a la carne de chino y ya no pudieron vivir sin ella,
entonces los chinos empezaron a poner condiciones para que se pudiera degustar su carne. Y las
condiciones para adquirir carne de chino fueron cada vez más estrictas y al
final los blancos tuvieron que hipotecar su casa y abaratar su propia carne
para pagar la deuda enorme que tenían con los chinos que ahora ya no querían
ser chinos sino blancos. Y así los chinos se convirtieron en los nuevos
blancos, dominaron a los antiguos blancos y después les compraron sus casas y
sus tierras y sus industrias y los blancos no podían parar de consumir carne de
chino a precio de beluga y siguieron vendiendo y vendieron su futuro y a sus
hijos y su decencia. Y dejaron de hablar de democracia y de tolerancia y de
respeto cuando se trataba de los mandarines, que así se llamaban los jefes de
los chinos. Y es que los mandarines despreciaban a las personas, sus derechos,
su vida misma porque para los mandarines, la gente sólo es carne. Eso sí, a
diferencia de los antiguos blancos, ellos no disciernen entre chinos, negros o
blancos, para ellos toda la carne es igual, en eso consiste para ellos la
democracia.
He tenido que escribir esta entrada en un documento de Word
para después copiarla en el blog. Esto lo tendré que hacer cuando regrese a
Europa porque en China está prohibido acceder a Blogspot. También a Youtube y a
no sé cuantas cosas más. La bandera china tiene una estrella grande rodeada por
cuatro pequeñas en semicírculo, como contemplándola. Las estrellas pequeñas son
los trabajadores, los estudiantes, los campesinos y los soldados, que son la
carne de china, y la estrella central, la grande, a la que las otras contemplan
con toda su atención, esa es el partido comunista, el que fundó Mao Tse Tung y
donde se encuentran los mandarines. Esa es la que pone la censura, las
limitaciones y los horrores, come carne de chino y se fertiliza con el
consentimiento y la indolencia de los blancos y esa es de la que nos tenemos
que acordar el día que se nos coma a todos tras habernos convertido en chinos.
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| El símbolo de la patria china refundada por Mao |

Cómo lo sabes!!!! :-(
ResponderEliminarY añado: con la connivencia de los corruptos blanquitos que se creen listos y que se aprovechan de la carne china cuando se creen que no tendrán que pagar por los favores realizados
Está muy graciosa la última novela de Mendoza, "El enredo de la bolsa y la vida" se titula. Una familia de chinos se comporta de manera obsequiosa con el protagonista anónimo hasta que consigue quedarse con el local en el que tiene su peluquería y lo convierten en empleado-esclavo. Se ríe uno mucho con el libro d eEduardo Mendoza pero no tiene nada de tontería.
EliminarPor eso me gustan más los japoneses...
ResponderEliminarPues no sé que le diría. En Japón no he estado pero me parece que son un poco taraditos con esas cosas del honor, la disciplina, el rango y el seppuku.
ResponderEliminarPero son más limpios...
EliminarSon iguales y utilizan las mismas estrategias ... se nota que lo de Fukushima les ha afectado porque han desaparecido bastante del mapa (o por lo menos yo he dejado de verles un tanto) cuando antes claramente su estado estaba financiando a sus empresas para que colocaran su roña en modo "obsequioso". En este ultimo año los catay han entrado a la ofensiva aprovechando la debilidad de los nippon
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