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viernes, 14 de septiembre de 2012

Carne


China es un país donde hay muchísima carne. Siempre sobró aquí la carne. Lo malo es que la carne que abunda aquí es la carne humana, la carne de chino y como lo que abunda es barato, pronto se corrió la voz y el hombre blanco vino a ver qué era eso de la carne de chino. Y el hombre blanco vio que los chinos eran listos, que tenían una cultura antigua y una civilización superior pero, bobos de ellos, ni eran expansivos ni respetaban a los individuos, así que viendo esto, el hombre blanco se sirvió y entre lo que se sirvió de aquí y lo que sacó de América, el hombre blanco construyó una civilización superior, poderosa como nunca había sido antes ninguna, que dominó el mundo y lo ordeñó y que no paró hasta que los blancos se mataron unos a otros por millones compitiendo por la tierra para explotarla más y más. Y aún más allá, el hombre blanco siguió estrujando la tierra y dominando sobre los demás y los imperios de los blancos se sucedieron pero siempre eran el mismo. Y los blancos subyugaron a los negros y a los latinos y vejaron a los chinos y redujeron a los japoneses al vasallaje. Y la carne humana seguía siendo barata en China y en todo oriente y los blancos la compraban para fabricar cosas más baratas. Y así, poco a poco y sufriendo mucho, la carne de chino, que también incluía cerebro, aprendió. Aprendió lo que querían los blancos y como hacer las cosas a su gusto. Y los blancos degustaron la carne de chino a paladas, la engullían, China se convirtió en el paraíso del Rey Midas caníbal. Y cuando los blancos se hicieron adictos a la carne de chino y ya no pudieron vivir sin ella, entonces los chinos empezaron a poner condiciones para que se pudiera degustar su carne. Y las condiciones para adquirir carne de chino fueron cada vez más estrictas y al final los blancos tuvieron que hipotecar su casa y abaratar su propia carne para pagar la deuda enorme que tenían con los chinos que ahora ya no querían ser chinos sino blancos. Y así los chinos se convirtieron en los nuevos blancos, dominaron a los antiguos blancos y después les compraron sus casas y sus tierras y sus industrias y los blancos no podían parar de consumir carne de chino a precio de beluga y siguieron vendiendo y vendieron su futuro y a sus hijos y su decencia. Y dejaron de hablar de democracia y de tolerancia y de respeto cuando se trataba de los mandarines, que así se llamaban los jefes de los chinos. Y es que los mandarines despreciaban a las personas, sus derechos, su vida misma porque para los mandarines, la gente sólo es carne. Eso sí, a diferencia de los antiguos blancos, ellos no disciernen entre chinos, negros o blancos, para ellos toda la carne es igual, en eso consiste para ellos la democracia.

He tenido que escribir esta entrada en un documento de Word para después copiarla en el blog. Esto lo tendré que hacer cuando regrese a Europa porque en China está prohibido acceder a Blogspot. También a Youtube y a no sé cuantas cosas más. La bandera china tiene una estrella grande rodeada por cuatro pequeñas en semicírculo, como contemplándola. Las estrellas pequeñas son los trabajadores, los estudiantes, los campesinos y los soldados, que son la carne de china, y la estrella central, la grande, a la que las otras contemplan con toda su atención, esa es el partido comunista, el que fundó Mao Tse Tung y donde se encuentran los mandarines. Esa es la que pone la censura, las limitaciones y los horrores, come carne de chino y se fertiliza con el consentimiento y la indolencia de los blancos y esa es de la que nos tenemos que acordar el día que se nos coma a todos tras habernos convertido en chinos.
 

El símbolo de la patria china refundada por Mao

6 comentarios:

  1. Cómo lo sabes!!!! :-(
    Y añado: con la connivencia de los corruptos blanquitos que se creen listos y que se aprovechan de la carne china cuando se creen que no tendrán que pagar por los favores realizados

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    1. Está muy graciosa la última novela de Mendoza, "El enredo de la bolsa y la vida" se titula. Una familia de chinos se comporta de manera obsequiosa con el protagonista anónimo hasta que consigue quedarse con el local en el que tiene su peluquería y lo convierten en empleado-esclavo. Se ríe uno mucho con el libro d eEduardo Mendoza pero no tiene nada de tontería.

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  2. Pues no sé que le diría. En Japón no he estado pero me parece que son un poco taraditos con esas cosas del honor, la disciplina, el rango y el seppuku.

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  3. Son iguales y utilizan las mismas estrategias ... se nota que lo de Fukushima les ha afectado porque han desaparecido bastante del mapa (o por lo menos yo he dejado de verles un tanto) cuando antes claramente su estado estaba financiando a sus empresas para que colocaran su roña en modo "obsequioso". En este ultimo año los catay han entrado a la ofensiva aprovechando la debilidad de los nippon

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