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viernes, 14 de septiembre de 2012

Atención sanitaria

Probablemente lo haya dicho ya alguna vez pero es que a mi edad uno ya se repite. Es normal, hay que tener paciencia con los mayores. Yo me crié entre socialistas. Es más, durante algún tiempo yo me sentí también socialista, mucho. Incluso realicé algún intento fallido de leer "El capital" pero la densidad del escrito me persuadió de conformarme con las interpretaciones que otros hacían. Aunque ya de más mayor esto de ser socialista se me ha pasado, a nadie sorprenderá que en mi entorno haya muchos. No socialistas de carné sino personas bienintencionadas que creen de buena fe que el bien común y la justicia social vienen de la mano de unas siglas o de unos determinados individuos asociados en forma de partido político. En realidad mis allegados socialistas, así con cursiva para diferenciarlos de los oficiales, son mucho más de la cuerda de Rosseau que de la de Marx pero eso ellos no lo saben. Bueno, pues todo esto viene a cuento de que este socialismo rosseauniano fue el motor de lo que me vino a ocurrir ayer (me refiero al pasado viernes 7, que he tardado en publicar esto).

Resulta que mi niña ha tenido a bien adoptar un simpático bichito, dizque microrganismo, que le ha puesto la amígdala derecha que parece un balón de rugby lo cual le viene provocando un notorio malestar. En un súbito arranque de paternidad decidí que era yo y no su madre a quien correspondía llevarla al ambulatorio y con esa intención me presenté en mi casa tras la jornada laboral. Hasta aquí todo bien. Por razones que no me apetece ahora discutir, yo soy usuario de la medicina privada. Dispongo de un seguro que nos cubre a toda la familia y esas cosas, así es que ayer me dispuse a ir con la niña y los carneses del seguro a la clínica Nuestra Señora de América (lamentablemente la medicina privada no parece estar preparada para el laicismo, qué se le va a hacer), con ánimo de que le recetasen a mi nena un poco de clamoxil o cualquier otro antibiótico para que deje de sufrir la criatura. Y aquí es donde interviene Rosseau. Antes de salir de casa su madre nos indicó que fuésemos al centro de urgencias de la seguridad social. Yo protesté aduciendo que no iban a querer recetarle antibióticos, que en la SS hay mucho purista de los de sin dolor no hay recompensa pero nada, que si os van a hacer esperar, que si eso se lo miran enseguida en la urgencia del ambulatorio... Total que nos metimos en el coche y pusimos proa a la presunta atención de urgencia en la calle García Noblejas. Al llegar allí nos encontramos un gran cartel hecho a mano que rezaba "ESTO NO ES UN CENTRO DE URGENCIAS. DE 8 DE LA MAÑANA A 9 DE LA NOCHE DIRÍJASE A SU AMBULATORIO" y luego añadía algo más de unas urgencias del SUMMA que a mí se me antojaba con la atención a desbarrigados y toxicómanos y claro, tampoco quería yo que la amígdala de la niña privase de la adecuada atención a un desbarrigado o un toxicómano en apuros.

Visto lo visto me dirigí al ambulatorio que tenemos asignado, un curioso lugar ubicado en un local más adecuado para la restauración o los juegos de azar que para la atención sanitaria pero bueno... Entramos al lugar que estaba vacío de clientela. "Al final va a tener razón la sociata" - pensé - pero las cosas no son siempre lo que parecen. En llegándome a la ventanilla de recepción fui interpelado con un "¿Qué quieren?" emitido por una funcionaria de tipo administrativo. "Buenas tardes, que le miren la garganta a la niña que parece que tiene una infección". Durante mi explicación se sumó al bando contrario otra funcionaria, esta de caracter sanitario que me explicó que es que ya no me atendían porque cerraban a las nueve. Por supuesto miré el reloj de inmediato para comprobar que eran las nueve... menos veinte. Habría sido el momento de montar un pollo y decirles que qué coño esperan de la vida con semejante actitud pero me sentía muy pacífico y en ese preciso instante decidí hacer lo que había pensado desde un primer momento antes de que me cortase el paso la sociata: ir a mi privado. Di las gracias, me llevé a la criatura a la clínica y allí me atendieron con la mejor sonrisa y absoluta corrección sin regatearme nada y donde le recetaron una amplísima colección de medicamentos, antibiótico incluido.

Y así es como los funcionarios de la sanidad pública colaboran con Espeonza Aguirre a potenciar la privada. Y colorín colorado, este cuento no ha  hecho más que empezar.

La criaturita enferma. El giro de 90 º respecto de la posición original es cortesía del maravilloso Apple, esos que lo hacen todo tan bien.

3 comentarios:

  1. La "manzana" está sobrevalorada, siempre lo he dicho

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  2. Pues a mi cada vez que lo insinúo me cae la del pulpo. Especialmente si está el doctor Orlac en las proximidades que lo más suave que me llama es "troglodita".

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