Precisamente se le tenía que ocurrir esto hoy... Si es que no se puede ser más inoportuno. Estos y otros pensamientos bullían en su cabeza mientras, desnuda en la cama, miraba el resplandor de la luz que entraba de la calle. Su cabeza era un hervidero, mil ideas por segundo que iban y venían y que no le dejaban conciliar el sueño. Él, tumbado a su lado, dormía plácida y profundamente. Desde que dejó de fumar roncaba menos pero aún mantenía una respiración profunda que sugería un animal de gran tamaño. Decidió cerrar los ojos y entregarse a los recuerdos con la esperanza de que así pudiese olvidarse del calor y del ruido del tráfico que de vez en cuando rompía el silencio de la noche en aquella ruidosa calle suya.
Hacía ya algunos meses que Carlos, así se llamaba, había aparecido por el departamento. Era relativamente joven, más que ella seguro y andaba trabajando en un laboratorio dos plantas más arriba de su despacho. Le echó el ojo en el primer seminario que coincidieron pero la cosa no pasó de algún comentario jocoso con Concha, compañera de fatigas. Lo curioso fue constatar que Carlos se hacía el encontradizo y que nunca le faltaba una palabra amable, una mirada cómplice o una sonrisa. El día que Carlos bajó a buscarla para invitarla a un café no se podía creer semejante descaro "¿quién se habrá creído que es este mono?" Ya se había ocupado ella de saber quien era, un investigador de un centro de Sevilla que estaba colaborando con uno de los grupos de la facultad y que andaba pasando unos meses en Madrid para hacer una parte del trabajo común. Además de eso parecía un tipo despreocupado, se le veía en forma y solía tener intervenciones inteligentes en los cafés y comidas de grupo. La verdad es que "el mono" en cuestión tenía cierto encanto y a nadie hace daño un café y un poco de charla.
Además de guapo, Carlos resultó ser divertido y buen conversador con lo que el contacto entre ellos fue haciéndose más habitual y más cercano. Alguna vez se vio asaltada por la ensoñación de tener una aventura con él pero el recuerdo de su marido y sus tres fieras lo disipaba rápidamente. Seguramente las reiteradas y prolongadas ausencias del esposo hacían mella en ella. Los tres niños daban mucho trabajo, tanto más cuando se había propuesto ser una madre ejemplar a la que no se pudiese echar en cara la desatención de su prole. Sin embargo, la tarde que tomando un café él extendió su mano hacia su cara y le retiró el pelo que se le metía en la boca rozando suavemente su mejilla con los dedos, ella se supo dueña de la situación. Un par de días más tarde, con su marido en París por trabajo y los niños en casa de su madre, los dos se fueron a cenar y a tomar una copa y finalmente a la cama.
Cuando le contó a Concha lo que había hecho sentía una mezcla de satisfacción y culpa. Satisfecha por haber despertado el interés de aquel hombre atractivo, siendo como era, una madre de familia. Precisamente esta era la razón de que también se sintiese culpable.
Cuando volvieron a encontrarse ella decidió hacer como si nada hubiese ocurrido. El se comportó de la misma manera lo cual no dejó de causar en ella una sensación punzante y una cierta frustración. "Eres idiota, ¿qué te habías pensado?" Sin embargo, al caer la tarde, cuando apenas quedaba nadie en el centro, el se presentó en la puerta de su despacho con una rosa blanca en la mano y una sonrisa en la cara.
- Venía a darte las gracias. Fue una noche maravillosa y no veo el momento de repetirla.
Y así, poco a poco, con la complicidad de su madre que no preguntaba porque prefería no saber y con las ausencias repetidas de su esposo, las cosas se fueron complicando con Carlos hasta que decidieron que definitivamente se habían enamorado.
Carlos era soltero pero ella tenía unas cuantas cosas que solucionar y la primera era contárselo a su pareja. Eligió el día para decírselo teniendo en cuenta el calendario de viajes de él. Que sea cuando le toque estar unos cuantos días en Madrid, para que no parezca una puñalada por la espalda. Aunque convencida de lo que hacía se sentía nerviosa, una no acaba con veinte años de matrimonio todos los días. Había despachado a los niños toda la semana. Decidió que el miércoles era el mejor momento. No se aguantaba en el despacho, se fue temprano, comió con Concha y y después se fue sola al cine a matar el tiempo aunque apenas se enteró de la película. Tenía trazado un plan perfecto, llegaría a casa y le esperaría en el salón. Le ofrecería una güisqui y le soltaría la noticia sin más, sin circunloquios ni metáforas. "Nuestra relación como pareja está terminada, hay otra persona en mi vida y sería absurdo ignorarlo y mirar para otro lado". Sí, eso era exactamente lo que le iba a decir. Al fin y al cabo él se llenaba la boca diciendo que sólo había que confesar las relaciones serias. Seguro que lo hacía para ocultar alguna aventura.
Los objetos y las circunstancias parecen tener vida propia en ocasiones y comportarse de manera completamente diferente a la que se desea. Cuando llegó a casa e introdujo la llave en la cerradura se encontró que su marido ya había llegado. Le vio sentado en el sofá, sin chaqueta ni corbata y con el güisqui ya servido.
- Rubén, ¡qué pronto has llegado hoy! fue todo lo que acertó a decir en su repentino desconcierto.
Después de aquello todo fue un desastre. Empezó a hablar pero por más que quiso ir al tema que traía preparado no fue capaz de decir más que de ligerezas, comentar alguna noticia oída en la radio, la conversación telefónica con los niños... Rubén por su parte tampoco parecía muy inspirado, andaba como agarrotado y poco hablador. Finalmente sugirió ir a cenar al japonés, acaso allí se aclarase su cabeza y fuese capaz de decir lo que había decidido decir aquella tarde.
No hubo manera. El tiempo pasó y la conversación se fue apagando. Cada vez que miraba a los ojos de Rubén se sentía cruel ¿cómo hacer aquello? ¿cómo machacarle así? El colmo fue cuando Rubén le tendió un paquete primorosamente envuelto. Lo abrió con cuidado y se encontró un estuche que contenía un colgante bonito y caro adquirido en una joyería de Serrano.
- ¿Y esto por qué? preguntó intrigada y sorprendida.
- Porque te quiero mucho, contestó Rubén
Al llegar a casa Rubén la abrazó, se besaron en el camino al dormitorio e hicieron el amor. No se pudo concentrar y no pudo evitar la sensación de estar haciendo aquello por compromiso. Ni asomo de las sensaciones que le producía el sexo con Carlos.
Ahora Rubén duerme plácidamente y ella no es capaz de detener el pensamiento. Mañana va a ir a trabajar con unas ojeras terribles.

Virgen santa!!! Su blog empieza a parecer una prolongación del Meetic.
ResponderEliminarCoñas a un lado!!!! Los cafés de pasillo siempre han causado estragos.
PD: Ese filtro antirobots que tiene ud. colocado pone de los nervios al más pintado. Que lo sepa
El anterior es creíble. Este totalmente inverosímil. Ella se lo,hubiera dicho, sin duda.
ResponderEliminarAnita, tienes toda la razón. El filtro es exasperante. Alfredo, tantos replicantes te acosan que tienes que controlar su presencia?
Pues no se crean ustedes. Esta tarde, sin ir más lejos, los he visto a los dos. A ellos y a sus tres niños. Se dirigían de la piscina a casa. Así que calculo que los dos se están callando como guarras y aguantando el tipo. Si que es cierto que ella anda más resuelta en confesar, yo creo que terminará por hacerlo.
ResponderEliminarEso del filtro antirrobots me desconcierta enormemente porque no era consciente de tenerlo. Debe ser de una vez que hice caso a un amigo mío de Barcelona que me lió para poner no sé qué contador de visitas que luego ni uso ni nada. A ver si lo puedo quitar.
Saque al bicho antirobots y no se pa que hace caso a los de Barcelona que acostumbran a ser gente de mala ralea.
ResponderEliminarHe intentado sacarlo, me dirá usted si ha funcionado. También he intentado meter un filtro para leer los comentarios antes de que se publiquen, censura previa que se llama.
EliminarEl amigo de Barcelona es un tipo tecnológico, inteligente y guapo que habitualmente me acusa de ser un torpe y un retrógrado con esto de la informática. Igual le conoce usted, es muy popular en la ciudad y no hay sarao de tronío en el que no esté invitado. Sin embargo lo que más me incitó a confiar en él es que fuese charnego porque aquí en Madrid nos enseñan desde bien pequeños que en Barcelona no hay más que mala gente.
Por cierto, lo de callarse como guarras me ha encantado.
ResponderEliminarPues sí que le ha funcionado, ya no hay esa cosa infernal que cuesta descifrar un mundo para demostrarle a San Google que no soy un robot.
ResponderEliminarTecnológicamente guapo no es compatible. Y si va de sarao en sarao no quiero pensar en los viruses que debe tener su disco duro.
Sólo le salva al informático ese suyo que sea charnego, si encima arregla los PCs entonces ha hecho bingo.
PD. Debería poner la opción a su blog poder seguir los comentarios por mail. Busque, busque
No, no. No me he explicado bien. Es guapo y es amante de la tecnología. Los PC no los puede ni ver porque él es de Mac. Es más, considera que el utilizar el PC es parte de mi "trogloditismo" y de mi inoperancia tecnológica. Ya ve usted lo que tiene uno que aguantar.
EliminarCoincido con Carlos en que ella se lo habría dicho... Efectivamente la historia no es muy creible
ResponderEliminarTenéis sobrevaloradas a las tías. Una mujer puede ser tan cobardica como un tío. A esta concretamente se le corta el rollo cuando le ve la cara al marido. Yo creo que es normal, al fin y al cabo algún cariño le tiene.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo. Me da a mí que el "cómo le voy a hacer esto" es asexual
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