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sábado, 29 de junio de 2013

Sábado chungo

Estoy en casa. En mi casa de Roma, en la Via di Monteverde. Este fin de semana no me toca ir a Madrid. Mi criaturita pequeña (13 añitos) se va a un campamento de baloncesto que por lo que nos describen en los folletos es como una mili en Cerromuriano pero condensada en una semana y encima pagando. La criaturita grande (17 añitos) no sabemos que hará y preferimos no saber. En cuanto a la santa se viene para acá porque la semana que viene tiene vacaciones y ha decidido pasarlas en Roma, como una marquesa. Eso sí, mañana por la mañana arreando hacia Sorrento, a una pensión fina. El viaje de la santa es esta noche, sale de Madrid a las 19:50 y aterriza en Fiumiccino a las 22:20 así es que me he encontrado con un sábado inesperadamente solitario. ¿Y qué se hace en Roma cuando se está solo un sábado? Pues los demás no sé pero yo he empezado por intentar hacer ejercicio. He querido irme a mi Gimnasio, que está un poco lontano, en Pomezia que es donde trabajo. Lo he intentado pero resulta que Pomezia está camino de la especie de playa que gastan aquí así es que me he tenido que volver por el atasco de romanos a la caza de la playa. He de decir que haberme faltado el canto de un euro para verme involucrado en un pavoroso accidente en cadena en la vía Pontina también me ha ayudado a resolver sobre la conveniencia de la vuelta. Espectacular oye, con chirridos de ruedas, quemazos de neumáticos y resbalón del coche incluidos. Ya digo, el canto de un euro y porque uno, pese a integrarse bien en la cultura local, aún conserva reflejos de civilización como mantener la distancia de seguridad con el coche y esas cosas...

Tras el fracaso gimnástico me he ido a correr. En esto no he fracasado, el parque estaba donde siempre y he tenido ocasión de complacerme con algo más de seis hermosos kilómetros. Por cierto, por el camino me he tropezado y me he ido al suelo lo que me ha dejado unas pupas muy penosas en la mano derecha y un leve raspón en la pierna.

Después me he venido a casa donde me ha dado por comer. He comido sano y equilibrado pero al final he acabado por tener un enfrentamiento con una botella de Gewurtztraminer italiano que tenía en la nevera y que voy ganando a todas luces. A todo esto con la musiquita, fresquito, como que he entrado en una situación de decir qué cómodo estoy y qué poco me importa todo en general. Ante semejante zenitud me he puesto a ayudar a una amistad en apuros con la búsqueda de empleo y planeo marchar a resolver la tarde-noche en la zona de Piazza Navona o quizás una visita al Panteón o con una pizza en el Trastevere o vaya usted a saber. Ha sido entonces cuando he reparado en el nivel de bienestar que me estaba deparando el momento y he dicho, qué carajo, esto al blog. Y aquí está.

Supongo que esto mismo sufrido de manera sistemática y sin quererlo debe ser bastante chungo pero como para mi es la excepción pues la verdad es que lo estoy disfrutando y no va uno a compartir sólo penas. Espero poder acordarme de estas cosas cuando el panorama no sea tan plácido, lo cual, sin duda, ocurrirá.


El Panteón de Agripa. Me encanta, es una maravilla y tiene algo menos de turistas que otros monumentos de la ciudad.

2 comentarios:

  1. Yo quiero algun sabado de esos chungos...q envidia!disfrutar en sorrento!!

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    1. Perseverancia, querida, perseverancia. Es cuestión de decidir lo que quieres y dar la plasta al mundo hasta conseguirlo.

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