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miércoles, 1 de mayo de 2013

Estado de shock

Es 30 de abril y termino mi jornada laboral francamente tarde para una fábrica europea-no española y sin turno de noche: salgo a las 20:35. Paso por recepción a recoger las llaves de un Fiat Croma que tengo asignado, un coche significativamente menos asqueroso que el Fiat Multipla del último día. Consigo arrancar el coche (no es obvio) y me dirijo a conocer el pueblo en el que habito y en el que no he puesto un pie más allá del hotel, el restaurante chino y el Carrefour - pese a no serlo, hago vida de inglés al igual que los restantes directivos de la compañía, ingleses todos ellos. He aprendido a pasar los cruces a la italiana, no voy a explicar en qué consiste, baste decir que no es muy recomendable para quien padezca problemas cardiacos, con lo que consigo llegar a una zona que interpreto como "el centro" del pueblo. Aparco el coche y salgo a dar un paseo. Digamos que Pomezia hace de Vicálvaro un lugar hermoso. Ahíto de tanta belleza y tan sugestivo ambiente vuelvo al coche y de allí al apartamento. Tras un rato de comunicación con familiares y amigos gracias a la bendita internet, echo de menos mi iPod-touch, un cacharrito que siempre me acompaña y en el que guardo unas cuantas cosas de interés en mi vida, y entonces... ¿Dónde está? ¿En el bolsillo? No ¿Sobre el sofá? No ¿En un recoveco? No ¿Sobre la mesa? No ¿Debajo del periódico del mes pasado? No ¿Bajo la almohada? No seas absurdo, no has entrado al dormitorio. ¿En el baño? Ahí tampoco, memo. ¡Qué angustia! ¿Dónde está mi iPod? ¡Lo he perdido! ¡No puede ser! No, no, no, vamos a razonar. Está en el despacho. Sí, seguro que está en el despacho. ¿Y si no está? Si no está ahí se me ha caído del bolsillo, probablemente en el coche. Bueno, mañana lo busco...

¡Qué coño mañana! Agarro la llave del coche y busco:

Asiento ................................. No
Bajo el asiento ...................... No
En el asiento de atrás ............ No
En el asiento del copiloto ...... No
En el maletero ....................... Ya estamos con los absurdos otra vez

Arranco y me dirijo descompuesto a la fábrica. Entro hasta mi oficina como una exhalación. No está sobre la mesa, ni bajo la mesa, ni en los cajones, ni en la papelera. No está. ¡Dios mio, no está!

Una infructuosa vuelta por Pomezia me conduce de regreso a mi apartamento. Derrotado por la pérdida irreparable me derrumbo sobre el sofá. Mis canciones, mis fotos, mis notas, mis cositas... Todo en manos de algún desaprensivo. Y con esa clave tan tonta que tenía, seguro que me la destripan... Y es la segunda que pierdo, cómo me van a poner de idiota. Mi mujer me va a pegar una bronca del quince, mi hijo me va a decir que para perderlas por la calle se la podía haber regalado a él, mis amigos... ¡Mis amigos! Eso es, voy a empezar con mis amigos:

F
Hay alguien por ahí?

A
Calla que tengo un disgusto

F
Que te pasa?

A
Creo que he vuelto a perder el ipod

F
?????????
Joooder

A
Se me ha debido caer del bolsillo

F
Vaya panda perdularios estamos hechos

A
Sí no no me lo e plico

F
Pos vaya
Menos mal que tienes tu flamante Mac

A
Joder que rabia me da

[...]


J
Joder y luego tenéis el cuajo de llamarme desastre.

F
Mira el otro, te hacía dormido ya

A
Ya salió el otro

[...]


J
Eres un desastre

F
Eres un perdulario

A
Y tú un cretino
Veros a la mierda


Tras esta consoladora charla me fui a la cama, me ensilé una dormidina y me puse a ver películas y videos, no todos recomendables para un entorno familiar, con ánimo de olvidar mi desgracia y de recuperar fuerzas para resistir incólume la avalancha de lindezas que me esperan al día siguiente cuando confiese mi desgracia al resto de la humanidad.

He conseguido ligar un número respetable de horas de sueño y tras el desayuno he optado por buscar bien, pero bien bien, bajo los cojines del sofá. ¡Qué aparato odioso el iPod! ¡Allí estaba el capullo de él! En un rinconcito casi invisible en el que se había deslizado. Me lo saqué del bolsillo al llegar y entre la gravedad y el sofá se confabularon para hacer el resto. Alegría y felicidad. Mi vida recuperada.

Creo que me voy a ir a la playa a seguir leyendo a Tolstoi. Ahora con música de fondo y muchísimo más tranquilo, donde va a parar.


La imagen de mi espíritu (alma no tengo) antes y después de recibir el consuelo de mis amigos

7 comentarios:

  1. Eso es saber mantener al lector enganchado hasta el final jajaja; que suspense! Que trama! Que diàlogos! Y buffff, vaya final!... Por suerte, feliz. :)
    En fin, eso te da qué pensar dobre la gran dependencia que mucha gente tiene de chismes como ese. Debo decir que por el momento yo me salvo de eso.
    Gina

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    1. ¿Dependencia yo? ¿Estás insinuando que soy un ipod-dependiente yo?... Pero si yo soy un tío de lo más equilibrado. Ni intenté saltar por la ventana ni nada. Quita, quita...

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  2. Por cierto y para ampliación de las informaciones, sepa el respetable que mi santa se ha encargado hace un rato de perder mi teléfono móvil en un restaurante de Castelgandolfo y esta vez de verdad y sin remedio. Menos mal que era un Samsung pedorrero de euros 100 y no un iphone de euros 700 porque si no esto es el divorcio.

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    1. Mira que iba yo a ponerle un SMS/llamada este finde y me he dicho "no, que seguro que se han ido de visita a la bota peninsuale". Pues ya ni cuando vuelva debido a la perdida traumática de ese aditamento con antena. Bueno lo intentaré.

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    2. Falsa alarma también. Al día siguiente apareció el aparatico en el coche. Lo malo es que ya había cancelado la SIM así que estoy sin servicio.

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  3. Vaya par de perdularios. Es que no tenéis vergüenza!!! jajajaja

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