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domingo, 29 de julio de 2012

Baloncesto

Estoy viendo el baloncesto. España - China. Ganan los míos 51 a 39. Segundo cuarto, la cosa pinta bien. Yo que nunca he sido de ver deportes en televisión sin embargo con el baloncesto es diferente, me gusta de siempre. En los 80 llegué incluso a ir con F y una novia mía que tenía yo a mirar los partidos del Real Madrid y de la Selección  a algún bareto de Huertas. El caso es que después de aquello fui perdiendo el interés y dejé de verlo, yo creo que dejaron de televisarlo. Ahora que lo voy retomando echo de menos a Corbalán, Iturriaga o Romay. A Fernando Martín no, poque ya sé que la diñó hace años, creo que por el shock de refocilarse con Anita Obregón. El caso es que veo fundamentalmente a la selección y luego, cuando veo jugar al Madrid, me descoloco mucho porque resulta que todos esos chicos tan majos a los que jaleo y que tanto me gustan, resulta que los cabrones son del Barcelona lo que me crea un conflicto psicológico-sentimental que al final me retrae de ver los partidos de la liga. Soy la vergüenza de la afición madridista.

En fin que aquí estoy viendo al chinito Chen, al chinito Juan (le habrá puesto el nombre un misionero, como a aquel que se llamaba Pilarín Kao) y a un montón de chinitos más que yo no sé de donde los habrán sacado y que no alcanzo a imaginar qué habrán hecho con ellos. Siendo los chinos gentes de naturaleza menuda y de estatura más bien reducida y conociendo la sensibilidad democrática y humanitaria del país, no me sorprendería saber que en un momento dado el komitern decretó que una serie de comisarios políticos recorriesen el país con gente armada para buscar niños chinos con gigantismo. Para dejar bien claro a los niños que les separaban de la familia para siempre, la gente de armas asesinaría en su presencia (la de los niños) a padres, hermanos y lo que pillaran. Considerando que el gigantismo en China debe ser a partir de 1,73 m, no dudo que a los chinitos los colgasen de una barra con los pies lastrados. Aparte, claro, de sobrealimentarlos con proteínas. Sólo así me explico que juegue un chino de 2,21. Chino, chino, no es un etíope nacionalizado ni nada por el estilo.

Los chinos, un país nacionalista de siempre, resentido con el mundo por las tropelías que se les han hecho, y conscientes ahora de su poderío económico, se han convertido en un monstruo que se sabe fuerte y que actúa como un auténtico déspota. Lo último que he sabido de ellos es que se han pasado por el arco del triunfo de manera pública y notoria todas las leyes de patentes y toda la protección internacional de los medicamentos y me imagino que de todo lo demás. Hoy los chinos juegan al baloncesto. Han montado un equipo que creen poderoso, han puesto los jugadores más altos y se han comprado un entrenador americano y aquí los tienes, jugando contra Españistán, un país pequeño que se han comprado en unas rebajas.

A ver si ganamos.

PS: Acabo de ver que el chinito Juan en realidad se llama Wang. Es que el comentarista habla igual de clarito que yo.


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