He estado en Suiza. De hecho, escribo esta notita durante mi
vuelo de regreso en la nueva ruta Madrid-Ginebra abierta por Air Europa, que habrá que
aprovechar antes de que la compañía quiebre estrepitosamente dejando 2000
empleados en el paro y ni se sabe los millones impagados. No es que sepa nada
en particular, simplemente tengo visto que es la jugada habitual de las
compañías aéreas. Si por el motivo que sea queréis viajar a Ginebra aprovechad
ahora porque la ruta es nueva y la están popularizando a base de poner los
billetes tirados de precio; seguro que luego los suben.
Suiza es un país al que por razones de índole laboral
siempre he estado bastante ligado. En mis orígenes biotecnológicos yo trabajaba
para la rama española de una compañía suiza lo que me supuso un elevado número
de viajes y estancias en el país de Heidi, incluida una de cuatro meses
seguidos y sin respirar. Tuve ocasión de conocer aquello razonablemente bien.
De hecho yo diría que Suiza es un país que conozco bastante. Para los que no, paso a contar.
Suiza es un lugar bonito donde los haya. El país entero es
una postal. Todo es limpio, perfecto, armónico… Se diría que todo es sintético,
que las montañas y el lago están puestos de encargo. Impresionante, de verdad.
En cuanto a limpio os diré que la ciudad más limpia que podéis recordar es una
auténtica pocilga comparada con las ciudades suizas.
Aparte del escenario, todo en suiza funciona con la más
absoluta perfección. Todo está medido, indicado y previsto. Los servicios
públicos están organizados de manera que atienden a los ciudadanos fuera de su
horario laboral para que no tengan que faltar al trabajo por sus gestiones, la
telefonía móvil es de alta fidelidad y la güifi
funciona como un tiro. El país entero está comunicado por una impresionante red
de autopistas que te permiten viajar a
120 Km por hora entre montañas y barrancos, sin escatimar un túnel ni un
viaducto, todo perfecto, todo indicado. En Suiza apenas hay accidentes de
tráfico porque los suizos son una gente increíblemente disciplinada que tiene
los coches a punto y que jamás comete una infracción de tráfico. Entre otras
razones porque la autoridad te exige un mantenimiento como nuestra ITV pero
mucho más, te controla que lleves los neumáticos de invierno o de verano según
corresponda y a la que haces la mínima, te meten una multa que te doblan. He visto un radar del que colgaba un cartel que decía "13 permisos de conducir retirados". En España habría perdido la cuenta.
En las casas suizas se recoge la basura en cuatro o cinco
contenedores diferentes para reciclarla, se cuida del campo y la naturaleza como
si fuera la casa de uno, las superautopistas están integradas en el entorno
para que no se vean, las escombreras y los vertederos no existen y el agua de
lagos y ríos se puede beber. Es más, yo diría que si te das unas friegas con
agua de un lago suizo casi que se te rejuvenece el cutis.
Los aborígenes, además de disciplinados son una panda de
depresivos y unos chivatos de mierda. Si no reciclas bien, si dejas tu coche
mal aparcado, si haces algo de ruido, enseguida aparecerá un modélico ciudadano
dispuesto a avisar a la policía para que te corrijan por vía de la billetera tu
falta de urbanidad. Además son de naturaleza desconfiada y miran con recelo al
que viene de fuera. Hacer amistad con un suizo en Suiza es una misión
imposible. Para colmo todos los que conocí son sosos como una coliflor hervida.
Esta falta de habilidades sociales sumada al extremado orden y la gran
organización del país en el que absolutamente todo está previsto es
probablemente la causa del elevado número de suicidios que allí tienen lugar.
Otra característica de los suizos es que son extremadamente limpios Tan
extremadamente limpios son que te gestionan un suicidio si quieres acabar con
tu vida por el motivo que sea e incluso hay una empresa, al menos una, que
convierte las cenizas procedentes de tus difuntos en un bonito cristal azulado
que tallado como un diamante se convierte en una joya para que puedas lucir a
mamá en una gargantilla, a papá en un anillaco y al esposo en una diadema.
El caso es que en este viaje iba comparando mentalmente la
situación de Suiza con la de Españistán. Claro que hay crisis en Suiza pero su
crisis es mejor que la mejor de nuestras prosperidades. En este país no existe
el desempleo, tan es así que en algunas regiones la población extranjera
alcanza el 50%. Se les distingue fácilmente de los aborígenes porque los
no-suizos salen a la calle sin motivo (pasean) y hacen en general más ruido. Se
tiende a pensar que la prosperidad de Suiza procede de sus bancos, con esas
cámaras acorazadas llenas de dinero de origen dudoso y esa opacidad fiscal que
ofrecen y sin duda algo de eso hay pero no debemos olvidar los Bokassa, los
Obiang, los Buteflika y demás gentuza que se dedica a robar a sus países, que
tienen dinero y propiedades en Francia o España, ni que la city londinense es el primer centro mundial de blanqueo de
capitales. A todos nos toca. No, no, la prosperidad suiza se puede deber en parte a la banca pero mayoritariamente se
centra en un tejido industrial extensísimo, en una capacidad emprendedora
bastante notable y sin duda en que Suiza es un país donde la política pinta
poco, se consulta muchísimo a los ciudadanos sobre temas que les afectan
(subida de la gasolina, duración de los periodos de vacaciones…) y sobre todo,
es un lugar en el que se trabaja a largo plazo. Los acuerdos se hacen para
años, se exigen tasas para la protección del medio ambiente, se valoran las
cosas no sólo en función de lo que cuestan en dinero sino de cómo influyen en
la calidad de vida y tonterías de ese estilo. Para colmo, los malparidos de los
suizos son además de disciplinados y chivatos, gente laboriosa y trabajadora.
Suiza era un país bastante pobre hace 100 años. Al contrario que en Españistán,
allí nunca tuvieron prisa en llegar a ricos con lo que sospecho que tardarán
mucho en dejar de serlo.
Ayer viajaba yo por carretera desde Basilea a Montreux. Un
viaje muy bonito que cruza por lugares verdaderamente hermosos y pintorescos.
Ya cerca del lago Leman, hay pendientes pronunciadas y en un momento dado se
abre el paisaje y ves los Alpes centrales, Mont Blanc incluido, formando una
impresionante muralla de roca con el lago a sus pies. Todo era tan bonito y tan
perfecto que aproveché que estaba solo para echarme unos lagrimones conmovido
por aquella belleza tan grande. Pude comprender así el por qué de tanto
suicidio y es que con algo tan bello delante qué más puede uno esperar de la vida, si hasta Freddy Mercury decidió que aquel era el lugar más adecuado para salir del padrón. A punto estuve de tirar todo adelante, saltarme la defensa de la autopista
y tirarme al lago con coche y todo aun a riesgo de que deportasen el cadáver por ensuciar el lago. También comprendí que la mierda de los suizos se pongan tan bordes y tan
restrictivos con la extranjería, no quieren que llegue uno de fuera, totalmente
ineducado en los valores nacionales y les ensucie el local tirando al suelo una
cáscara de plátano o algo peor. Para llegar a suizo, a menos que se disponga de
bastante pasta, hay que echarle tiempo. No basta con nacer en suiza, hay que
vivir allí y gastarse un pastón en el trámite. En fin, si lo coges todo junto y
analizas la situación con una cierta visión global te darás cuenta de que el
hecho de que Mary Shelley escribiese la historia del monstruo de Frankenstein a
orillas del lago Leman no es casual sino una necesidad cósmica. El hecho de que
el doctor Frankenstein fuese suizo es de
una lógica apabullante: Tipo de nombre alemán, que vive en una zona de habla francesa
y que, incapaz de hacer amigos de manera natural, decide construírselos él mismo. Para colmo, el
doctor era suizo pero no el monstruo porque no habiendo trazabilidad de los
cadáveres utilizados en su confección nadie puede asegurar que fuesen suizos
todos ellos. Vete a saber si no tenía el pie de un gabacho o el brazo de un
italiano. Además el cerebro era de un psicópata asesino (según la peli clásica)
y alguien de esas características no puede ser suizo. Los suizos no delinquen.
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| La estatua de Freddy Mercury en Montreux y el paisaje que tiene enfrente. Bonito de morirse. |

Si es que está claro, la perfección absoluta NO GUSTA
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