Hasta ahora no había querido comentar nada para no ser
tildado de cerdo machista pero la verdad es que me importa un pito que se me
clasifique como tal cosa así que ahí va eso: Hay una cantidad de tías buenas en
Buenos Aires que no se puede uno hacer idea, sobre todo por mi barrio pijo de
Recoleta. Es espectacular el cuidado que ponen en su físico las mujeres de este
país y es algo además que no distingue ni de clase social ni de edad. Tengo
para mí que poner un gimnasio, un centro de belleza o una fábrica de silicona
médica debe ser un negocio gozoso aquí. Para muestra vale un botón, basta con
echarle una mirada somera a la señora presidenta para darse cuenta de lo que
hay, la tipa parece un flotador de la pura turgencia que le provocan el votox y la silicona. Con tanta maciza suelta por las calles, la siempre penosa situación de salir a correr se convierte por obra y
gracia de las muchas corredoras en un simpático paseo por el jardín de las
huríes esas de Mahoma. Es como si pusieran un catálogo de tías buenas por la calle.
Para mis queridas lectoras que calculo que a estas alturas estén en indignación
grado 7 de la escala de Richter les diré, para que suban dos o tres niveles
más, que los argentinos (machos) para nada se cuidan como ellas.
Se dice por aquí que el acento de los españoles (aquí
incluye a las españolas, es que lo uso genérico porque no me gusta hablar como
político del PNV o de IU) tiene un poderoso atractivo sexual, que las “zetas”
de nuestro castellano les encantan y que un “me gusta esta canción” dicho por
una española en el lugar adecuado suena a un “hasme tusha gaucho”. Hace un par
de días me reí muchísimo con un anuncio de la radio. La historia es que un
padre le dice a su hijo que le va a “dehar su legado”, “te voy a dar algo a vos
que te será muy útil” y tras las protestas del hijo referentes a la pesadez
intrínseca del padre este contesta elevando la voz “TE VOY A DEJAR MI ACENTO
ESPAÑOL, JODER, PARA QUE LIGUES CON TODAS LAS MUJERES”. En fin, que con estas
premisas salimos mi amigo JC y yo a quemar la noche bonaerense y a arrasar con
nuestro acento español.
JC tiene por costumbre asesorarse bien antes de hacer las
cosas así es que se estuvo informando de los lugares en los que podría
encontrar restaurantes de moda. Nos presentamos en uno que por lo abarrotado,
estaba sin duda de moda. Nos recibió una camarera de esas que alteraban el
ánimo de C (antes J) cuando era mocito que nos sentó en una mesa francamente
incómoda. Allí le tomó el relevo otra camarera menos atómica pero igualmente
agradable. El público femenino no nos prestó la más mínima atención pero eso sí
cenamos un maki bastante bueno (ya vale de carne). Pienso yo que sería el
elevado volumen del local que ocultaba nuestro seductor acento. El hecho de que
la concurrencia cercana tuviese 25 o 30 años menos que nosotros quizás también
jugaba un papel.
Tras el restaurante de moda, con el maki, una botella de
vino argentino y sendas caipiñas en nuestros cuerpos serranos nos encaminamos
hacia un local de moda. Los locales de moda tienen varios machacas en la puerta
por si los habitantes de la Villa 21 deciden cambiar de ambiente. A los
españoles chetos con nuestro seductor acento casteshano nos dejan pasar sin
más. El tal local se componía de varias plantas, todas con mesitas, en las que
se podía comer o beber o las dos cosas. Como quiera que las mesitas estaban
todas llenas nos fuimos a la planta más alta con ánimo de acodarnos en la barra
y seguir el célebre protocolo de otear, conversar, intimar, dando por hecho que
esto último sería fácil gracias a la dicción que nuestros ancestros nos
legaron. Gran frustración, en la barra sólo había libre un espacio de tres
centímetros donde no cabe ni el codo de un niño y además te pedían que sacases
primero un ticket para pedir la bebida después. Esto que a mí me pareció más
propio de una heladería que de un bar de copas fue suficiente para que JC
propusiera ir a otro local que nos habían recomendado y que estaba un poco
alejado, en el barrio que aquí llaman Palermo.
El taxi nos dejó en la puerta de un local de aspecto un poco
siniestro que sin embargo nos habían recomendado muchíssssimo. Un sitio tan
moderno y con nuestro besho asento ha de ser el lugar, nos dijimos, y con paso
decidido entramos en otro lugar pseudoabarrotado, digo pseudo porque abarrotado
como en Madrid no estaba pero todas las mesas estaban llenas lo que confería tal imagen.
Tampoco parecía el local adecuado para hacer amistades, música alta, sin
espacio donde acomodarse, calor… En fin, que yo no le vi la puta gracia, claro
que a mí me sacas del Honky Tonk de la calle Covarrubias de Madrid y no le veo
la puta gracia a casi ningún bar de copas y al Honky porque voy bien poco que
si no ni eso. Nos trasegamos eso sí, otra caipiriña por el qué dirán y por
alegrar un poco la velada que se nos estaba quedando un tanto mortecina.
Inasequibles al desaliento, sobre todo JC porque yo me
habría ido a la cama tiempo atrás, dirigimos nuestros pasos hacia la movida
bonaerense, centrada en Palermo Hollywood y Palermo Soho (así los llaman, no es
culpa mía). La verdad es que la mayoría de los locales eran de comer y alguno
quedaba con formato discoteca pero nada ni remotamente parecido al Honky.
Finalmente nos ubicamos en un garito de la Plaza de Serrano donde en una
especie de azotea calló una caipiriña más. Absolutamente ningún ambiente de
relaciones con extraños por ningún lado, como cabía esperar.
Habiendo triunfado de esa manera y con las tres caipiriñas
jugando a la brisca con el vinaco de la cena y los rollitos de maki optamos por
volver a nuestros respectivos cubículos. Yo coroné la noche con una jugosísima
dormidina para no pasármela en un viaje de la cama al baño y viceversa. Cuando he abierto el ojo al día
siguiente he sido consciente de mi intenso dolor de cabeza y de la pastosidad
de mi boca y he dicho “joder qué resaca” y después
me he ido a correr 10 Km para quitarme la jaqueca. Oye, ni he vomitado ni nada.
NOTA BENE: Por lo que nos cuentan los taxistas que son quienes verdaderamente saben de la vida y conocen laciudad, en BsAs se liga pagando a
señoritas de compañía.
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0 comentarios. Eso solo puede significar una cosa. Estás muerto chaval...
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