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sábado, 7 de enero de 2012

El momento inadecuado

Estas cosas siempre llegan en el momento más inadecuado. Esta frase, repetida o cuando menos intuída por todos los ricos del mundo en su lecho de muerte viene a ser el mensaje que últimamente le doy al personal de mi empresa francesa. Con ello vengo a explicarles que no estoy enfadado con ninguno de ellos ni preocupado por el futuro de la empresa sino que, simplemente, me voy por una serie de conveniencias profesionales y que yo por mi me habría quedado más pero que las oportunidades se presentan cuando quieren, no cuando se encargan. Eso parece que les convence y tranquiliza y les permite mantenerse dentro de la armonía. Ahora resulta que me querían, y mucho. Me querían los jefes, los colegas, los mandados y hasta la chica de la recepción. Fuera de mi casa soy sin duda un ser adorable. Esta semana me han organizado un festejo y, para bien cagarla, mi exjefe y el director supremo han tenido la ocurrencia de dar unos speechs y me han jodido porque me han puesto blando, con lo duro y lo tieso que soy yo. Mi reputación por los suelos. Yo quería largarme de la empresa como Vaclav Havel del palacio presidencial de Praga, por la puerta de atrás y con sus cuatro cosas en una bolsa de deportes pero nada, despedida con fanfarria.

Están pasando más cosas en el momento inadecuado, por ejemplo, que estoy empezando a entederme en francés. Justo ahora que me voy y que se me olvidará porque es un idioma de poco uso, menos incluso que el nuestro. Hay dos o tres cosas más que están aconteciendo fuera de lugar, a saber:

De buenas a primeras y sin mediar explicación de ninguna clase mi TV ha recuperado un puñado de canales de películas que no funcionaban. No importa mucho porque son en general unas películas malísimas pero mira, hoy resulta que se han descolgado nada más y nada menos que con una joya del maestro de la risa, Louis de Funes. Una que se llama "Soup aux choux" que ya me he ocupado de saber que en España la titularon "Mi amigo el extraterrestre". Aquí la tengo puesta, mientras escribo. Tarde y mal me llega el humor francés, no consigo esbozar una sonrisa con los aspavientos del gran cómico, ni con sus carreras tirándose pedos, ni con el simpático extraterrestre al que invita a un plato de soup aux choux (sopa de col, debe ser por eso por lo que luego se tira pedos) y que parece un aborto del muñeco de Michelín mezclado con el mayordomo de Netol y coloreado por los payasos de la tele con Fofó al frente.


"Mi amigo el extraterrestre" ¡Qué película para una siesta!

Otra cosa que me ocurre en mal momento es que he descubierto que tengo buena mano como vendedor de muebles usados. Ya ves, veinte años perdiendo el tiempo con la Biotecnología de las narices para descubrir que lo mio es la venta ambulante. No somos nadie.

Precisamente por esta falta de oportunidad era que me preguntaba yo el otro día si sería el momento más adecuado para volver a mi pueblo. El paro sube y los impuestos también. ¿A cuanto va ahora la gasolina? En fin, no puede ser peor que las aventuras del extraterrestre imbécil y Luis de Funes pedorreando.

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