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lunes, 8 de abril de 2013

El fútbol y yo

Hola. Me llamo Alfredo, soy varón español y no me gusta el fútbol.

Más de una vez he tenido la ensoñación de descolgarme con este parlamento desde un atril emplazado sobre una tarima ante un auditorio de tipos que comparten esta rareza. Cuidado porque conozco al menos dos con el mismo síndrome así es que siendo raro, no lo es tanto. En general no soy de mirar deportes televisados, me aburren soberanamente las retransmisiones deportivas. El tenis me parece un coñazo, la fórmula I me resulta un bodrio infumable, las motos otro tanto, el golf no lo soporto, la natación me desespera... Hace unos tres años descubrí que hay tíos que se dedican a ver deportes en televisión. Les da igual el deporte que sea, simplemente se distraen mirándolos. ¡Qué pesadez! Todo esto no tendría nada de particular si no fuera porque entre las retransmisiones deportivas que encuentro soberanamente aburridas está el deporte nacional: el fútbol. Sólo me lo he pasado bien mirando el fútbol cuando me he sentado con amigos a ver un Madrid - Barcelona y teníamos a mano algún amigo catalán al que maltratar psiquicamente si ganaba el Madrid o que nos hiciese escarnio si ganaba el Barcelona. El colmo del aburrimiento fue la final del mundial, ese que lleva ganando España no sé cuantos años ya y gracias al cual vamos superando la situación económica. Yo estaba en Nantes, acababa de llegar, y con mucho esfuerzo conseguí encontrar una cadena de televisión que retransmitiese el evento así es que me senté a ver aquello. Estaba solo. Vi el partido, no pasaba nada y aquello se me empezó a hacer aburrido pero yo lo miraba como deber patrio. Y venga a dar vueltas aquellos tipos con la pelotica y no pasaba nada. Vi media hora y nada, una hora y nada, hora y media y se acabó el partido sin goles. Entonces se pusieron a jugar un rato más, parece que no habían tenido suficiente. Ahí es cuando ya no aguanté más y me fui a hacer un pis. Bueno pues retorno del excusado a seguir cumpliendo con la patria y resulta que han metido un gol y yo allí intentando celebrar con efecto retroactivo. Fue una experiencia muy frustrante y muy ridícula, menos mal que no me vio nadie.

Pero lo que realmente me irrita del fútbol, aparte del alarido ese del "gooooooooooool", es la machacona información que te tragas quieras o no y el atocinamiento mental que provoca en no pocos congéneres. Yo, que soy muy de radio, me veo asaltado continuamente por programas deportivos que dedican el 95% de su tiempo al fútbol y el 5% a todos los demás deportes con especial atención a ese otro coñazo que es la fórmula uno. Los programas deportivos cuentan, entre otras cosas, con la participación de los oyentes. Si hubiese sido psicólogo creo que habría abierto una línea de investigación sobre el tipo de especimen que se dirige a estas tertulias abiertas, a sus actitudes y sus formas de expresarse. Escucho a personas que hablan con pasión verdadera sobre las cuitas del tuercebotas de Mourinho, de estrategias deportivas como el que habla de política y de manifestaciones de apoyo al entrenador como si estuviese organizando una protesta para tomar el Palacio de Invierno. Se escucha a individuos hablando apasionadamente de jugadas, de la actuación de un árbitro, de un fichaje... todos son súper-expertos. Recuerdo que hace algunos años los sevillanos salieron masivamente a las calles de su ciudad para impedir que su club de fútbol bajase a segunda división por impago de sus impuestos (o algo así). Lo que no hacían para protestar contra el desempleo, los problemas de vivienda o el saqueo de la administración estuvieron dispuestos a hacerlo por el fútbol. Esto me trae a la cabeza el dato de la deuda monstruosa que los clubes de fútbol mantienen con Hacienda, que somos todos, y que asciende a 752 milloncitos de euros de nada. Tampoco me sorprende porque unos cuantos de los responsables de clubes de fútbol son constructores y ya sabemos cómo las gastan esos.

Sin embargo soy víctima de una suerte de justicia bíblica y mi hijo varón, el que ha de propagar mi ilustre apellido a la próxima generación, me ha salido forofo. El jodío está pendiente del puñetero fútbol, ve los partidos, lee el marca y se me planta una camiseta de fútbol para salir a la calle. ¡Dice que es del Rayo Vallecano y se declara seguidor del Chelsea! En mi casa, que se veían los informativos de TV hasta que empezaba el bloque de deportes, momento en el que se cambiaba el canal como si tal cosa, ahora es una tragedia y una pelea con la criatura que siempre manifiesta un desmesurado interés en saber lo que se dice de la lesión de un fulanito, del último exabrupto de Mourinho o de las tensiones en el banquillo del Barça. Encima a la que te descuidas te suelta un speech sobre jugadas maestras, te describe el paradón de Casillas o el cabezazo de no sé qué jugador dell Valencia. Es horroroso porque por más que le explicamos que no nos interesa el tema el insiste una y otra vez en narrarnos gestas futbolísticas.

Debe ser una mutación porque ni en casa de mis padres ni en la mía se vio nunca el fútbol.


¡Jo qué diver!

6 comentarios:

  1. Por cierto que y tampoco sigo ningún deporte en la tele, me parece súper aburrido

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    1. Mucho mariquita es lo que hay. Los hombres, hombres sólo se distraen mirando deportes en la tele. Ya practicarlos es otra cosa.

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    2. Yo tengo una bandera arcoiris en casa, pues

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