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lunes, 19 de marzo de 2012

Besos

Tengo que decir que no soy un individuo excesivamente efusivo. Siento cariño más o menos intenso hacia una serie de personas, no pequeña, pero nunca me he caracterizado por las grandes efusiones. Yo es algo que atribuyo a la educación de mi casa. En mi casa somos en general de poca efusión, ni mucho llanto, ni mucha palabra cariñosa, ni mucho beso ni mucho grito. Bueno, gritos un poco más pero sin mucho exceso tampoco. De hecho yo algunas veces me siento más británico que mediterraneo. En fin, no creo que sea ni bueno ni malo, simplemente es así y punto. Debe venir por vía familiar porque no sólo se transmiten las secuencias de ADN, también los usos y costumbres, gestos, reacciones a determinados estímulos...

Con estos antecedentes nadie se sorprenderá si digo que soy de poco besar. De mi familia únicamente beso regularmente a mi madre. A mis hermanas ahora ya más pero cuando vivíamos juntos es que ni nos mirábamos. Besar a otros parientes como tías-abuelas o primos segundos (yo tengo una familia poco numerosa pero con unos niveles de parentesco muy enrevesados) siempre me ha costado un triunfo y por supuesto, jamás he besado a hombres y eso incluye a mi padre. Así de sieso soy. Nunca me ha gustado tener que besar a la gente que me presentan. Cuando entras nuevo en un trabajo y, todavía peor, cuando un representante comercial es mujer y se te presenta con un beso, lo llevo regular nada más; a más de una la he parado en seco tendiéndole la mano cuando se me aproximaba - una variedad de "la cobra" que hasta donde yo sé carece de nombre. Mi mundo-beso se restringe a mi madre y hermanas, mujer e hijos y a mis amigas. Amigas hembras. O así era hasta hace poco. Un día, así con la tontería, empezamos a saludarnos con besos F, J (también conocido como Carlos) y yo. Nos besábamos tras periodos de separación prolongados y con el ánimo de escandalizar, cosa que alguna vez conseguíamos porque en nuestra cultura hay quien se escandaliza viendo a hombres hechos y derechos saludarse con unos besos en las mejillas cuando no son familia. Eso pasa. El caso es que a lo tonto, a lo tonto, la costumbre del beso se ha ido intensificando y ahora nos besamos siempre que nos encontramos, aún cuando no haya público. Tiene su gracia lo de besar a J y a F porque son tíos limpios y siempre huelen bien, a colonia cara y eso, y además pinchan con la barba lo cual le da al tema un componente que no se presenta cuando besas a una mujer (salvo en algunas ocasiones), que a mi me gusta. Además qué coño, es una forma de expresar aprecio. El cretino de J no me quiso besar ayer y me tiene muy ofuscado por ello, le dio la vergüenza y se puso tontón porque nos iban a ver unos amigos de F. Él se lo pierde.

Así las cosas, me sorprendió un día ver en la oficina que mi jefe, un chico bien parecido pero de 1,60, se cruzaba con su jefe, otro chico bien parecido como de 1,80 y le encasquetaba un beso en la mejilla derecha haciendo una simpática maniobra de estiramiento corporal, imprescindible para alcanzar el objetivo. Pensé que lo hacía porque me consta que son amigos de la infancia así que no le di más importancia al asunto. Importante detalle, mi jefe y su jefe son argentinos.

En mi nueva e intensa actividad viajera a la argentina pude observar que lo del beso en la mejilla derecha viene a ser allí algo corriente. Tardé un poco en reparar en ello pero finalmente me percaté de que se besan todos, tíos y tías, y que además lo hacen todas las mañanas al llegar a trabajar. Claro, yo llegué allí y la primera vez, en un ambiente de cordialidad un tanto forzada, di la mano a los hombres y me besé con Analía. Un poco lioso porque el segundo beso, costumbre española, se quedó en el aire y hubo que repetir. Así fue unos días pero como aquella gente y yo conectamos bien, la cordialidad era cada día menos forzada y más sincera. En este estado de cosas, durante mi segundo viaje a Buenos Aires, hubo un momento de titubeo y finalmente Lucas, un colega argentino, se soltó la melena y besó al gallego (yo). Los demás siguieron el ejemplo así es que ahora cada jornada de trabajo en argentina la empiezo besando tíos (y a analía también, claro).

Besos.

Judas, que no era argentino, besaba en la mejilla izquierda

3 comentarios:

  1. Me parece muy bien, qué quieres que te diga. Creo que gran parte de los tíos tenemos un cierto reparo bastante tonto a expresar sentimientos y ya está bien!

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  2. Buenísimo, es verdad que a Joaquín le dió corte, se me había olvidado... jajaja.

    No sé si te diste cuenta, pero la última vez que estuvimos en el chalete de Roci, despues de ver como nos vesábamos, me cogío Cedric y me apretó un beso como Dios manda... jajajaja.

    Salud compañero

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  3. La kk del google reader me ha traicionado y llevo un puñao sin visitar estas paginas porque creía que no estaban siendo actualizadas (por temas, pensaba, de hartazgo de trabajo).

    Con esta entrada me siento identificado. Si, yo también soy un sieso. Y no beso excepto en contadas y pocas (en algún caso escandalosa) excepciones (mejilla y boca). Y lo de besar a la comercial de turno que viene a venderte cualquier truño tecnológico que no entiende ya no te digo... familiaridades las justas.

    Si, soy un sieso. Aunque hago grandes esfuerzos por mejorar mi interfaz de usuario ... :-)

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